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Johannes Chysostomus Theophilus Wolfgangus Amadeus Mozart nació en Salzburgo, Austria, el 27 de enero de 1.756. A los cuatro años practicaba el clavicordio y componía pequeñas obras de considerable dificultad; a los seis años tocaba con destreza el clave y el violín y leía música a primera vista, tenía una memoria prodigiosa y una inagotable capacidad para improvisar frases musicales. Mozart En su adolescencia, durante una estancia en Viena, compuso el Lied An -300 die Freude (A la Alegría) K.53 (1767), con un texto del poeta masón Johann Meter Uz (1720-1796), y en 1772, en Salzburgo, el Lied O Heiliges Band (K.148), Lobgesang auf die Feierliche Johannisloge (Canto de Alabanza a la Solemne Logia de San Juan), con versos de Ludwig Friedrich Lenz (1717-1780).

En 1773 compuso la música del drama heroico Thamos, König von Ägypten (Thamos, Rey de Egipto) del barón Tobias Philipp von Gebler (1726-1786), su primera aproximación a la magia y la fantasía, a la que añadió nuevas piezas tras su viaje a París, en 1778. Allí contactó con las sociedades de conciertos Concerts des Amateurs y Concert Spitiuel, dirigidas por los masones Joseph Gossec y Jean Le Gros.

Mozart se inició en la Masonería el 14 de diciembre de 1784 en la Logia Zur Wohltätigkeit (La Beneficencia) en Viena, presentado por el Barón Otto Von Gemminger Hombag. Según expresó en su correspondencia, en la logia encontró un remanso de paz y libertad que jamás había experimentado. Alentó a su padre, Leopold, a ingresar en la Masonería unos meses después, así como a su amigo Joseph Haydn. Al poco tiempo de iniciado visitó la logia Zur Wahern Eintracht (La Verdadera Concordia), donde le sería otorgado el grado de compañero tres semanas después, el 7 de enero de 1785. Su Venerable Maestro, el científico Humanista Ignaz Von Born, le regaló un ejemplar de su obra Über die Mysterien der Ägypter (Sobre los Misterios Egipcios), que tuvo una gran influencia en su vida y sería fuente de su ópera Die Zauber Flöte (La Flauta Mágica).

Con Mozart comienza la profesión de músico independiente, sin el mecenazgo de ningún noble. Su música trasciende en el tiempo y la mejor forma de conocerle es escuchar su legado. Dominó como nadie el arte de producir y combinar los sonidos de una manera tan agradable al oído que se podría decir que llega casi directo al alma.

Fue Exaltado a Maestro el 22 de abril de 1785 junto con su padre. Contribuyó de manera sublime a enriquecer las reuniones y ceremonias masónicas con la música que compuso para ellas, a través de la belleza del sonido y de su armonía, dando una gran importancia a los silencios, descubriéndonos el arte de desbastar la música, quitando aquello que sobra, para dejar una obra perfecta, percibida por quien sabe apreciar la sencillez, por quienes escuchan, observan y sienten sin prejuicios.

Mozart compuso mucha y variada música para su logia, entre otras, Die Gezellenreise (El viaje del Compañero), Zum Schluss der Loge (Para el cierre de la logia), Mauerfreude (La Alegría del Francmasón), Die Kleine Freirmauer Cantate (Pequeña cantata masónica), Oda fúnebre masónica KV 477, destacando su ópera La Flauta Mágica, de la que existen interminables estudios y análisis por su abundancia en símbolos masónicos. Se estrenó el 30 de septiembre de 1791, alcanzando una rápida difusión. Emmanuel Schikaneder, hermano de su logia, escribió el libreto. Muchos musicólogos y estudiosos de Mozart han llegado a calificar La Flauta Mágica como la ópera de la Fraternidad Universal, como su obra cumbre o su testamento musical e ideológico. Goethe dice, refiriéndose a La Flauta Mágica: «Se necesita mas cultura y preparación para poder reconocer el valor de esta partitura que para negarlo. Aunque la masa de los espectadores sólo goce con el espectáculo en sí, a los iniciados no les pasará por alto el sentido profundo de la obra.»

Mozart falleció en Viena el 5 de diciembre de 1791 a los 35 años de edad. Se dice que pudo morir de fiebre reumática o de triquinosis, aunque hay muchas conjeturas y mitos acerca de su muerte.

«¿Quién es el más grande de los músicos?»,
le preguntaron en una ocasión a Rossini.
«Beethoven»,
contestó el compositor sin vacilar.
¿Y, entonces MOZART?
«Ah, ÉL ES ÚNICO», respondió.
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